domingo, 2 de marzo de 2014

Ursula

Sigue teniendo esa forma de besar a cámara lenta, tan despacio,   que reblandeció el reloj  de los últimos 16 años en que no nos habíamos vuelto a ver.  Un beso suyo es como una flor exótica que se despereza hasta despetalarse las comisuras.  Ursula tiene un no sé qué narcótico entre la nariz y la barbilla,  capaz de anestesiar a todo el mundo que me rodea, para convertir sus labios en miles de pececillos erosionándome los míos. Hay cosas que afortunadamente no cambian



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fosforecencias