sábado, 27 de agosto de 2011

Perdimos la cabeza

Una caja de cerillas no era el mejor sitio para sentar la cabeza, y más cuando el aforo era de 120 fósforos y éramos unos 320. Estaba delante de ella y al darnos el “yatellamaré” se nos cayó al suelo, instantáneamente bajamos a la vez la cabeza al agacharnos, prendiéndonos en esa deflagración de mixtos.



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