lunes, 13 de junio de 2011

Visto y no visto



Se empezó a dar cuenta el día que fue a unos grandes almacenes y la puerta automática no se abría al no detectar su presencia. Aprendió a que tenía que pasar detrás de otra persona. Algo parecido le pasó con el autobús, aprendió a no subir el último. En los controles aéreos nunca le han hecho pasar dos veces por el scanner, aunque le hace ilusión que le piropee el detector de metales por su manera de andar tan aplomada y elegante. Se ha pasado al autoservicio en el hipermercado y en el fnac porque nadie le atendía. Eso sí, era divertido cuando una mujer se colaba en su mismo probador. No soporta esta situación de invisibilidad. Está pensando seriamente en comprarse un perro Lazarillo para que le haga a la gente ver(le).

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fosforecencias